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Encuentro sobre la cultura coreana dirigida a especialistas de Colombia en textos escolares
Publicado por      10/26/2018 16:36:15     Home    0 Comentarios
Encuentro sobre la cultura coreana dirigida a especialistas de Colombia en textos escolares

Por Luz Dary Hemelberg Rojas
Directora general editorial de Educar

Desde un escritorio de editorial en Colombia


En el agitado mundo editorial, en el que la vida y las horas se consumen embriagadas por el tiempo, y en donde el mundo académico se construye y de-construye a cada instante entre los debates y las confrontaciones que obliga el pensar y realizar materiales educativos que garanticen la calidad de la educación en la equidad (esta entendida como dejar las puertas abiertas a todos los estudiantes del país que quieran movilizar sus aprendizajes), imaginaba a un niño Guajiro compartiendo aula con un niño de la capital del mismo grado. Pensaba en las definiciones de aprendizaje de los currículos en los que estudiaron y me preguntaba ¿qué sería lo común en lo que podrían conversar desde sus experiencias de aprendizaje? ¿Cuáles serían las necesidades de sus docentes? ¿Por qué las menores necesidades de los docentes se instalan como las mayores necesidades locales y nacionales, embolatando el debate sobre lo fundamental? ¿Por qué debemos enseñar lo que enseñamos? ¿Lo que enseñamos es importante para los estudiantes? ¿Es importante para el país? ¿Es suficiente articular unos estándares de aprendizaje con los Derechos Básicos de Aprendizaje para garantizar el piso de
equidad que inspiraron estas orientaciones? ¿Las definiciones de aprendizaje se deben dejar para lo local? ¿O es necesario construir una base nacional?


Estas preguntas me las hacía desde ese lugar en donde los productos editoriales nacen entre dolorosos partos prematuros, algunos, y mortalmente pasados de tiempo, otros (me refiero no solo a que deben estar listos para su promoción en un tiempo marcado por un cronograma que se debate entre la oferta y la demanda). También, reflexionaba sobre la gran problemática con la que el siglo XXI empezó a ver a las editoriales que, desde siempre, principalmente en Colombia, fueron el gran puente de comunicación y entendimiento entre el Ministerio de Educación Nacional, sus orientaciones y lineamientos de educación con los docentes y la comunidad educativa. Los productos editoriales eran vistos como un material significativo que permitía concretar esas orientaciones que se leían tan abstractas. Ahora, los libros textos son entendidos como productos editoriales que deben consumirse anualmente, sin resaltar la importancia de su atemporalidad como material pedagógico y didáctico que trae implícita una propuesta de entendimiento y puesta en práctica de las disposiciones para formalizar un currículo oficial por parte del Ministerio de Educación Nacional. Esa característica de permanecer a través del tiempo porque la calidad de contenidos y de didácticas y metodologías con las que fueron hechos les permitía esa trascendencia y longevidad es eclipsada ahora por el comportamiento del mercado que inspiran y enseñan las grandes casas editoriales, multinacionales extranjeras que convirtieron el mundo editorial en un mercado de libros que enmarcan un sometimiento grotesco de los consumidores nacionales a los intereses del mercado mundial sin tratar de salvar ninguna originalidad, ninguna especificidad de territorio.


La convocatoria en medio de la temporada editorial.


Y así, entre el desorden de ideas, preguntas que se piensan en fracciones de segundos −porque el pensamiento es más veloz que la palabra− fueron interrumpidas mis reflexiones una tarde del 16 de junio de 2017, en plena temporada editorial, por una convocatoria que nos llegó en una impecable invitación escrita en hoja membretada con el sello de la embajada coreana. La solemnidad de su escritura me llamó la atención porque en el mundo digital todo se sintetiza con un correo corporativo. La embajada invitaba a participar a las editoriales en una experiencia que titularon Encuentro sobre la cultura coreana dirigida a especialistas de Colombia en textos Escolares.


Lo primero que pensé, en ese momento, fue esta pregunta ¿cuántas editoriales colombianas iríamos a este encuentro? El único nombre que logré inscribir en mi pequeña lista fue el Grupo Editorial EDUCAR. Orgullosamente, comprendí que era directora de la única editorial que ha sobrevivido a la apertura económica que le dio la entrada a las grandes multinacionales europeas que han subsumido, hasta sacar del mercado, a editoriales colombianas de más de 40 años de reconocida trayectoria. Me inscribí con mucha alegría, era una oportunidad muy grande de aprendizaje, también con mucha esperanza y con la seguridad que proporciona el saber que hacíamos nuestro trabajo editorial con sentido de patria. La inscripción solicitaba nuestras hojas de vida. Entonces, supe la importancia de haber sido docente, investigadora, autora de libros textos y una estudiosa de los currículos, porque en Corea del Sur los docentes son los profesionales más apreciados y valorados. Cumpliríamos con los requisitos que comunicó la embajada para ganar uno de los tres cupos que abría la convocatoria; no porque fuéramos la única editorial colombiana, sino porque en Educar realizamos debates pedagógicos y estudios juiciosos sobre las necesidades reales de nuestra educación todos los años. Además, porque los empresarios dueños han estado presentes, trabajando por la educación colombiana durante más de 40 años. Teníamos mucho qué contar y compartir sobre nuestros currículos y sobre la manera como hacíamos nuestros materiales educativos.


Corea desde la academia

El 6 de agosto nos escribió Hyejung, Park, investigadora de ASK, y para nuestra comodidad, nos dijo que su nombre en español era Diana. Desde ese momento estuvimos comunicados con la Academia de Estudios Coreanos (AKS). Envié mi presentación sobre currículos colombianos y me di al encuentro de esa cultura que apenas conocía a través de los libros de historia.
Llegamos a Corea el 29 de octubre de 2017 y desde ese día hasta el 4 de noviembre aprendimos mucho sobre una cultura de la que no sabíamos nada, solo lo que los medios de comunicación distorsionan sobre el conflicto entre Corea del Norte y Corea del Sur. Nos recibió un grupo de investigadores de absoluto rigor disciplinar en cabeza de su directora, So-young, Park, jefa de la división del proyecto de difundir información correcta sobre Corea, quien se destacó por su excelente gestión y liderazgo.


La Academia de Estudios Coreanos (ASK) es una entidad dependiente del Ministerio de Educación fundada con el fin de promover los estudios coreanos mediante investigación, educación de la cultura coreana, intercambios y expansión de estudios coreanos. En breves palabras, su objetivo principal es elevar el conocimiento sobre Corea y mejorar la imagen del país. Allí aprendimos que, para Corea, lo fundamental es la inversión en la educación y en su economía. Este programa, que tiene varios focos de desarrollo, un seminario sobre los libros textos del mundo para la inclusión sobre la correcta información sobre Corea, el análisis de textos escolares extranjeros, capacitación en Corea para expertos extranjeros en textos escolares, seminario sobre los textos escolares, visita a otros países para mejorar contenidos sobre Corea, desarrollo de materiales que ayudan a mejorar el conocimiento sobre Corea, asistencia a organizaciones privadas de otros países, biblioteca de textos internacionales y página web, propuestas sobre formas de cooperación para desarrollar textos escolares y materiales auxiliares de ciencias sociales, permite difundir su cultura y hacerse conocer por países en todos los continentes.


La división de Proyecto de difundir información correcta sobre Corea, El Centro de Estudios Internacionales y la Academia de Estudios Coreanos nos dio la bienvenida y nos introdujeron en un programa que tiene un fuerte componente académico y cultural. En el primero, estudiamos temas como Sistema Educativo de Corea por parte de Sa- Hun, Kim, un investigador muy joven, quien sorprendió por su dominio disciplinar en currículo coreano. No olvido sus palabras: “impresionante presentación” con las que reconoció la exposición de Colombia por parte de Educar. Nuestro tema: Currículos: Colombia vs Corea, fue el que dio apertura al seminario. Luego, siguió la presentación de Sa-Hun, Kim. Me impactó su ánimo emprendedor y su gusto por la educación, no era de sorprenderse que dominara su tema tan bien porque, además de su maestría en Currículo y Metodología pedagógica, era Director de sociedad de currículo de Corea, presidente, y miembro del equipo de reforma de currículo nacional de 2015. Pero lo más destacado de nuestras presentaciones no fue el dominio disciplinar demostrado por los dos países, fue la coincidencia entre el currículo colombiano con el currículo coreano.


Comprendí durante los días del seminario y las conferencias sobre El desarrollo de la economía coreana, Las relaciones intercoreanas: de confrontación y reconciliación, realizadas por los investigadores Young-Jun, Cho y Wan- Bom, Lee, respectivamente, que aunque teníamos similitudes significativas en cuanto a las orientaciones curriculares, lo que hace que Corea sea un país primermundista es que tienen claro su proyecto de país y, en lo que respecta a la educación, saben qué enseñar, para qué les sirve lo que enseñan, y si eso que enseñan le sirve al país. Están seguros de que todo cuanto enseñan lo aprenden sus estudiantes y es de gran utilidad para el país porque trabajan por mantener un sentido nacionalista y solidario en todos los ciudadanos coreanos; trabajan por transmitir los valores y la tradición familiar desde el ejemplo de sus mayores y las prácticas de las relaciones, no desde la verbalización de los valores. Son capaces de reconocerse a sí mismos como coreanos, indistintamente de sus ciudades de origen y sus clases sociales; no los dividen las etnias ni las diferencias regionales porque no las tienen, hablan una misma lengua, y conocen su historia, sus errores y sus objetivos de nación; trabajan para el mejoramiento de sus errores históricos; estimulan la creatividad; se educan para ser buenos ciudadanos, conscientes de su proyecto de nación. La educación está inmersa en su proyecto de país y se cohesiona con los principales pilares de su economía: optaron por una economía de mercado abierta orientada a la potencialidad del crecimiento; las instituciones son concebidas como condiciones necesarias y no como condiciones suficientes; trabajan por la industrialización y la sustitución de importaciones; pasaron de las llamadas “tres industrias blancas”: harina, azúcar y algodón, presentes en los años 50 −modelo típico de países en vía de desarrollo− a la estrategia de la industrialización orientada a la exportación desde el desarrollo de las industrias pesadas y químicas, enmarcando los factores de crecimiento desde la activa apertura, la amplia inversión, el liderazgo del gobierno y la evolución demográfica. Además, es de destacar su inversión en factores de crecimiento de la economía: como los cambios en la estructura demográfica, el incremento de la población activa, la mecanización de la agricultura y la inversión en el capital humano.


Sobre este último factor de desarrollo versa este párrafo: la inversión en el capital humano desde la revolución educativa que se abrió camino con el gobierno de Lee Seungman, quien logra la consolidación del Estado a través de la educación, disminuye a cero por ciento el nivel del analfabetismo y estimula el fervor por la educación desde el aumento a la tasa de ingreso a la universidad y el desprecio por la educación vocacional, porque pondera la investigación desde los intereses de su economía; y desde la continuidad en los proyectos políticos, sin importar qué gobernante recibe y cuál sale. La propuesta sobre contenido de Corea incluidos en los libros de Colombia presentado por la investigadora Hye-jun, Park demostraron el gran interés y organización de Corea por su educación y el objetivo centrado en que su historia se cuente bien y se conozca en todos los países del mundo en donde haya mallas curriculares que hablen de la cultura oriental.


Una cultura que llena los sentidos


La visita a lugares tan únicos como el archivo Jangseogak fue determinate en esta experiencia, estos hermosos lugares culturales e históricos fueron terapéuticos para los sentidos, el alma, la piel y el pensamiento, que fueron asaltados por la majestuosidad de lugares como La Cueva Gwangmyeong; el traslado en los trenes rápidos de ciudades como Gwangmyeong a Gyeongju, la vista a la aldea Yangdong y las zonas históricas de Gyeongju, así como a la estación Nueva de Gyeongju para dirigirnos a Seúl, en donde cerramos la noche con la presentación del Festival de Luces de Seúl y el teatro de Seúl. Estos lugares con voz interior nos hicieron ver más allá de la academia, desde la experiencia viva que ofrece este programa, que Corea es un país que se preocupa por la reconstrucción de su historia, la apropiación de su cultura, la inversión en la educación, la memoria histórica −literalmente están reconstruyendo los templos y ciudades ancestrales que destruyó Japón durante el periodo de invasión−. Caminar por estos lugares inspira un silencio de reflexión y respeto hacia esta cultura-; estos lugares muestran desde la visibilidad de la experiencia que los coreanos jalonan el crecimiento económico, la justicia social y la educación desde una política de expansión cultural y económica, y trabajan por el reconocimiento de su cultura en proyectos que solo existen en Corea desde la visión de expansión y reconocimiento cultural. Por todo esto, muy bien a La división de Proyecto de difundir información correcta sobre Corea; al El Centro de Estudios Internacionales y la Academia de Estudios Coreanos por preocuparse por lo fundamental, expandir su cultura y educación; muy bien por Corea que logró recoger su historia, sobreponerse a sus guerras e invasiones en menos de 50 años: es sorprendente su capacidad de trascenderse a ellos mismos.

Nuestra participación en este link: http://www.ikorea.ac.kr/webzine/1712/notice_eng.asp

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